O recuncho de Suso

Dialoguemos pues

, Miércoles 2 de Febrero de 2005, 23:54

¿Diálogo?

En primer lugar he de decir que no me gusta nada el plan Ibarretxe, por dos razones básicas sin necesidad de entrar en su contenido (que daría para mucho argumentar). Por una parte, porque este tipo de cambios sustanciales deben venir impulsados (no sólo apoyados, que también) por una mayoría suficientemente amplia de la sociedad, y el 51% no es suficientemente amplio. Se pueden cambiar los ladrillos de una sociedad con una mayoría que puede cambiar cada cuatro años, pero no se puede hacer lo mismo con los pilares.

Por otra parte, el plan Ibarretxe se ha presentado como aquel que va a conseguir llevar la paz al País Vasco. Sólo si se aprueba, claro… Esto puede llevar a mucha gente a votar favorablemente por algo con lo que no está de acuerdo, si ello permite el fin del terrorismo. Imagínense ustedes cómo venderían luego el posterior abandono de las armas de ETA: “Hemos derrotado al terrorismo por vías políticas". Nos ha jodío, con la condición de “o sale que sí o tenemos terrorismo para rato", así cualquiera.

La situación actual, en mi opinión, la refleja muy bien Máximo en la viñeta de arriba. Tenemos por un lado al Sr. Ibarretxe, que identifica la “mayoría absoluta del parlamento” con toda la sociedad vasca, y para quien Zapatero y Rajoy son los únicos que quieren desbaratar su plan oponiéndose a la voluntad de los vascos (y las vascas, por supuesto). Y por el otro lado, tenemos la posición contraria, escenificada principalmente por Rajoy y compartida por una parte importante de los españoles, de que el plan Ibarretxe ha sido idea únicamente del lehendakari, que debe ser algo así como un hombrecillo tocapelotas que se ha apoderado de Ajuria Enea y quiere llevar adelante sus malévolos planes.

Pues no, señor, ni una cosa ni otra. Ibarretxe se tiene que dar cuenta (bueno, lo sabe de sobra, pero debe de vivir en un sueño) que un 40-50% de los vascos (y las vascas) están en contra de su plan, y para colmo ni siquiera homogéneamente repartidos en todo el territorio (en Álava el rechazo es mucho mayor, y esta provincia representa el 42% de la superficie de la comunidad). Y del mismo modo nos tenemos que dar cuenta en el resto de España de que Ibarretxe es el presidente democráticamente elegido del País Vasco, y aunque, como dicen algunos, sus votantes le apoyasen porque les han lavado el cerebro, eso no le restaría legitimidad (el que esté libre de lavar el cerebro a sus votantes, que tire la primera piedra). Por tanto no puede uno decir “no, no, no, y te aguantas” y quedarse tan tranquilo, porque así no se resuelven las diferencias de posturas.

Supongo que todo esto sería evidente en caso de ausencia de violencia (aunque ciertos políticos de uno y otro lado utilizan los mismos argumentos para el caso de Cataluña). Me gustaría pensar que, si los partidos vascos iniciasen un diálogo constructivo para resolver la situación actual de Euskadi, ETA se daría cuenta de que su persistencia en la violencia ya no tendría sentido, puesto que lo único que conseguiría es que las ideas de Batasuna no quedasen reflejadas al estar ilegalizada. Evidentemente soy muy optimista e ingenuo, pero con algo hay que soñar…